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sábado, diciembre 06, 2008

Omar

Omar es un hombre joven, inquieto, un poco hiperquinético. Al hablar hace múltiples gestos con las manos y cabeza rapada, tiene en el centro de su ojo izquierdo una especie de nubecita circular blanca. Pareciera que se le está desarrollando una enfermedad llamada Glaucoma.

De unos treinta y tantos años de edad y estatura pequeña, pero fornido, Omar vende alimentos tradicionales elaborados a base de maíz, acompañado con queso “telita”. Armado con una enorme y pesada bolsa plástica de color negro en su mano izquierda (donde transporta las “hallaquitas” de maíz) y en la diestra un tobo blanco donde guarda los quesos, Omar recorre las empinadas calles de la parroquia Carlos Soublette en el estado Vargas (Venezuela) y se hace propaganda con un potente silbido que se escucha cien metros a la redonda; “que lo soplo sin aire en los pulmones” asegura.

Omar, según confiesa él mismo, quiere mucho a su “pechuga” (pareja), y tiene dos hijos. Este amigo, es el arquetipo del venezolano pobre, salido de las catacumbas populares de la Caracas (capital del país) paupérrima. Huérfano de padre, su madre volvió a buscar pareja y fue su padrastro quien lo terminó de criar. Nació Omar en “Los Aguacaticos”, uno de los sectores más peligrosos de la parroquia La Vega situado hacia el suroeste de la ciudad de Caracas. De allí, luego de cometer algunas fechorías, sus padres cambiaron la residencia al poblado de Las Tejerías, en el estado Aragua. Omar, visitó la cárcel, estuvo preso en el penal de Tocorón por asalto a mano armada. “Eso es feo mi viejo, oyó” me confiesa. “Es como estar muerto en vida mi pana”. Cuenta él, que dentro del infierno (la prisión) no se puede andar con medias tintas; “Tú tienes que jugártela, sin dar ni pedir cuartel”. Pero, Omar garantiza que se regeneró, que aún consume un poco de droga, pero que él sabe que “El Chivuo” (así le dice a Dios) lo está “apuntando” “Él me tiene pillao y yo no quiero que me cace en na’ malo” expresa con su particular manera de hablar. Este singular personaje, con la labor que realiza pareciera que se autoflagela, vende sus productos en Vargas tres días a la semana. Procedente de Aragua, Omar recorre más de 100 kilómetros sin sumar las largas caminatas que por casi todos los rincones de las parroquias Carlos Soublette y Maiquetía realiza, para colocar su mercadería. Omar, definitivamente, es un héroe urbano.

REVERÓN

REVERÓN
Reverón se hizo famoso por sus muñecas de trapo. Las confeccionaba para tomarlas como modelos (Caled 2007)