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sábado, septiembre 27, 2008

La carta de Antonini

En recientes informaciones de prensa, en un despacho de AFP (Agencia Francesa de Prensa), da cuenta de que el señor Guido Antonini Wilson declaró, en el tribunal estadounidense donde se le sigue juicio, todavía no tengo muy claro por qué. Que él le envió una carta al Presidente Chávez, agradeciéndole la ayuda prestada (¡?!). Bueno, como este caballero ha violado el secreto de amistad, yo me veo obligado a revelar también el contenido de una misiva que le envié a mi amigo Antonini.

En esta carta mía personal a Gûicho, yo le planteo a mi pana que estaba necesitado de un prestamito para financiar algunas aventurillas (me sonrojo cuando reconozco mi infidelidad) con unas hermosas chicas que él mismo me trajo de Las Bahamas, estado Apure. Allí, le hice un serio reclamo pues me pareció un acto de sadismo, traerme esas hermosas beldades, y no darme los recursos necesarios para complacer los caprichitos de las mismas. ¡Sólo requería unos 100 mil dolarillos para cumplir el encargo falocrático adecuadamente! y el muy pichirre me dijo que no contaba con esa bagatela de dinero. Sorpresa la mía, cuando veo al muy desgraciado envuelto en el asunto de la maletica con los 800 mil dólares y ¡para colmo de males, en Argentina! O sea, que ni siquiera eran para invertirlos en nuestro querido lar.

Pero lo más decepcionante, y es por lo que he puesto mi amistad con ese bicho en el refrigerador que tengo en el Polo Norte, es que ahora resulta que no son 800 mil de los grandes (como dicen las traducciones de las películas gringas) ¡No!, este barracudo dice ahora que había otra maletica con Cinco millones 200 mil billetes con la cara de Lincoln. ¡Eso no es justo! Yo no tengo palabras como calificar este acto de traición de mi, ya ex amigo, Guido Antonini, al cual decididamente ya no lo llamo más “Gûicho”.

¿Conclusión?, las nenas ¿bahamaenses? Tuvieron que irse con sus curvas a otro patio, yo perdí la oportunidad de pasar unos días y mejores noches bien acompañado y todo, porque al Guido le dio por regalar dinero a los gauchos, hacerle comparsa a los gringos y traicionar la imprescindible amistad con Hugo. . . Y la mía claro.

Finalmente, les digo que no publico la carta porque no quiero revelar algunas otras intimidades que no tienen por qué conocerlas ustedes. Ahora me voy a pasear a Australia, paso por la Asamblea Nacional y me quedo un tiempo en Mare Abajo en el estado Vargas, República Bolivariana de Venezuela. Y al condenado de Antonini cuando lo vea, le doy un pisotón en el dedo gordo del pie derecho, que yo sé que sufre de sabañón.

REVERÓN

REVERÓN
Reverón se hizo famoso por sus muñecas de trapo. Las confeccionaba para tomarlas como modelos (Caled 2007)