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viernes, julio 06, 2007

Un amor incomprensible para la mayoría


Por allá, entre los años 1994-1997, me tocó trabajar en la Fiscalía General de la República. Un organismo que ha venido cambiando con el pasar de los años. Inicialmente, el Ministerio Público, se ocupaba, fundamentalmente, de ser el garante de la legalidad, es decir, de que se cumplan las leyes tal y como están establecidas. Aún hoy día, tiene ese papel pero, acompañada por instituciones creadas a la luz de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. De esta manera, la Defensoría del Pueblo, también entra a jugar un papel preponderante en la defensa de los derechos establecidos en las leyes, desde los derechos jurídicos individuales, hasta los derechos humanos, los derechos difusos de la colectividad. Juntos, Ministerio Público, Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República, conforman lo que está establecido en la constitución como el Poder Moral. Pero, son los Fiscales del Ministerio Público, los agentes acusadores de aquellas personas que cometen delitos de cualquier índole. Antaño, la Fiscalía –antes de la puesta en vigencia del Código Orgánico Procesal Penal- dependía para el sostenimiento de las causas judiciales contra las personas, de las diligencias que realizaban para la acumulación de pruebas los cuerpos de investigación penal. Ergo, Cuerpo Técnico de Policía Judicial, ahora devenido en Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), también la Guardia Nacional, la Dirección de los Servicios de Investigaciones Policiales (DISIP) y cualquier otro organismo policial que, instruido por un Juez de la causa, realice o dirija una averiguación penal. Ahora, siguen estos organismos llevando a cabo dichas averiguaciones pero, bajo las órdenes, control y seguimiento del Ministerio Público.

Es así, que la labor que yo realizaba en la sede central de la Fiscalía era, objetivamente, la de garantizar la seguridad integral de los Fiscales del Ministerio Público y del personal administrativo que labora en dicha sede, debido precisamente, a la misión tan delicada y peligrosa que estos funcionarios deben cumplir. En el acatamiento de estas tareas, me tocó un sinnúmero de veces atender personas que acuden a este despacho en busca de, las más de las veces, ayuda para solventar diversos problemas que enfrentan con familiares involucrados en hechos delictivos. Aunque ello no es necesariamente lo usual, también acuden personas que de una u otra forma deben resolver problemas que implica la intervención de Fiscales especializados en otras áreas. Pero, el grueso de las y los usuarios acude para que Fiscales del Ministerio Público, intervengan en causas penales. En este sentido, el mayor número de personas son mujeres, especialmente, madres de delincuentes que, o están sometidos a penas corporales, o bien, se encuentran en fuga y los cuerpos policiales los solicitan para su procesamiento. Indefectiblemente, cuándo me tocaba atender a estas madres, la pregunta obligada era ¿Por qué está preso su hijo señora? O, ¿Por qué buscan a su hijo? Y, las sempiternas respuestas eran; “Mi hijo es inocente, lo que pasa es que la policía la tiene agarrada con él”, respectivamente, “No sé, el es un muchacho trabajador, se la pasa haciendo trabajitos de albañilería” (todos son albañiles, trabajadores informales, ayudantes de mecánica, etc). Sin embargo, cuando nos trasladábamos a los cuerpos policiales para verificar la situación del “inocente muchacho”, nos mostraban un prontuario abundante en la comisión de hechos punibles; con una variedad digna de ser coleccionada en un tenebroso álbum. Un verdadero currículum vitae del crimen pues.

Esta realidad, que me abrumaba, en principio me causó cierto malestar pues, sin negar que alguno de los sujetos retenidos o detenidos por cuerpos policiales muchas veces eran víctimas de abuso policial o, parte de un plan para extorsionarlos, no es menos cierto que la mayoría conformaban el macabro mundo de la prevaricación. Seres, que sin entrar a analizar causas y efectos, son impíos de cualquier normativa social, sin escrúpulos y sin ningún recato o remordimiento a la hora de dispararle a cualquiera por los motivos más fútiles. A pesar de ello, con el pasar del tiempo fui meditando acerca de esta manera de reaccionar de las madres, ante la flagrante violación de las leyes y normas de convivencia de sus hijos; ¿Por qué?, me preguntaba. ¿A qué se debe ese amor ciego, ilimitado, sin fronteras, sin –absolutamente- ningún interés de las progenitoras? Aún hoy no consigo respuestas y, creo que no las voy a encontrar. Sólo me resta abundar en hipótesis, en reflexiones que me acerquen más o menos al descubrimiento del por qué las mujeres sienten ese afecto por sus hijos, tan inmensamente prolífico y tan definitivamente inexplicable a los ojos de los simples mortales. ¿Habrá algo más allá del milagroso hecho de parir un ser humano, que mantenga un contacto supra normal de los hijos con la madre? Tiene que haberlo.

Según estudios hechos a hermanos gemelos, se ha comprobado que existe entre ellos, una especie de conexión invisible, una suerte de energía capaz de transmitir sentimientos, miedos, angustias y alegrías entre los mellizos. Incluso, hay algunos testimonios de personas que nacieron el mismo día y del mismo vientre materno que, encontrándose alejadas –muchas veces a cientos o miles de kilómetros- presintieron cosas o situaciones de uno con respecto al otro. ¿Será este mágico mecanismo de comunicación el que prevalece en las relaciones madre-hijo(a)? Digo mágico pues, hasta ahora no se ha podido explicar dicho fenómeno (me refiero al comentario de los gemelos) Creo que voy por buen camino.

El siguiente es un extracto de una comunicación publicada en la página de Internet; www.anecdonet.com/modules.php y que me parece ilustra de manera dramática acerca del tema que estoy tratando;

“Di de él cuanto quieras, pero yo sé mejor que tú y que nadie las faltas de mi niño.Yo no lo quiero porque es bueno, sino porque es mi hijo. ¿Y cómo vas a saber tú el tesoro que él es, tú que tratas de pesar sus méritos con sus faltas? Cuando yo tengo que castigarlo, es más mío que nunca. Cuando lo hago llorar, mi corazón llora con él. Sólo yo tengo el derecho de acusarlo y penarlo, porque solamente el que ama puede castigar"

Mi madre, que Dios la tenga a buen resguardo, falleció cuando yo contaba la adulta edad de 46 años. Sin embargo, mi amada mamá –hasta los últimos momentos- cuando me llamaba por mi nombre de pila me decía “Alexito necesito cual cosa” y yo un poco apenado (a veces era en presencia de personas extrañas) le respondía “Mamá mi nombre es Alexis, ya soy un adulto, no soy un niño” a lo que contestaba sin apremios; “para mí, tu sigues siendo el niño que parí”. ¡Qué remedio!, ¿Quién puede con eso? No me resta otra cosa que, admirar profundamente a esas mujeres que, en medio de una vida tan azarosa como la que puedan llevar sus retoños en ciertos momentos de sus existencias, mantienen una lealtad, solidaridad y apoyo incondicional, lleno de un inmenso amor y sentimientos de protección para con sus hijos. El Libertador Simón Bolívar en uno de sus pensamientos, expresó poco más o menos; Maldito sea el soldado que apunte sus armas en contra del pueblo, parafraseando a nuestro insigne héroe yo digo; Maldito el ser humano que sea capaz de hacerle daño a su propia madre.

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REVERÓN

REVERÓN
Reverón se hizo famoso por sus muñecas de trapo. Las confeccionaba para tomarlas como modelos (Caled 2007)