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domingo, julio 01, 2007

Muerte en Colombia; Asesinato o bajas en combate

Alexis Castillo (Caled)
Junio 2007
alexsicast@gmail.com
Este jueves 28 de Junio se dio a conocer una aterradora noticia, la muerte de 11 diputados al congreso colombiano en las selvas del Valle del Cauca. Una información que conmocionó –fundamentalmente- a la comunidad latinoamericana. Estos congresantes se encontraban secuestrados desde hace cuatro años por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Colombia vive, a raíz del asesinato de José Eliécer Gaitán el 9 de Abril de 1948, prácticamente una guerra civil de baja intensidad. Guerra, que ha traído como consecuencia social el desplazamiento de miles de nacionales hacia diversas partes del mundo pero, especialmente, hacia los países fronterizos. Efectivamente, Venezuela por ejemplo, es uno de los países que más población colombiana tiene en su territorio. Esta situación se complicó aún más con la aparición, a mediados del año 1997, de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Grupo paramilitar que ha llevado a cabo cientos o miles de asesinatos selectivos y sistemáticos con prácticas realmente espantosas y sanguinarias.

En el orden económico, la situación no puede ser peor. Colombia es una nación cuya economía se ha visto seriamente afectada por este conflicto. No es sino, con la elección de Álvaro Uribe como Presidente de la nación, y la puesta en marcha del Plan Colombia, que este país ha demostrado una mediana recuperación en el orden económico financiero. Pero, una recuperación que no es sólida pues, el grueso de la población colombiana no participa de manera directa en este proceso, sino que es casi un convidado de piedra. Quienes realmente se benefician son las grandes transnacionales y corporaciones gringas y empresas colombianas que participan del festín.

Es en medio de este panorama, que las fuerzas guerrilleras acentúan las operaciones de secuestro a personalidades políticas y empresariales; práctica por demás deleznable, sobre todo, tomando en cuenta la situación de incertidumbre y desespero que producen en las familias de los secuestrados y en los secuestrables. Pero esta acción inhumana, no solamente es acometida por la guerrilla, también el hampa común, las organizaciones que manejan el negocio de las drogas y las mismas AUC. Aunque estas últimas, las más de las veces no tienen un objetivo político, sino de retaliación, venganza o simple negocio.

De esta forma, la situación política colombiana está extremadamente confusa, especialmente, en casos como el de los once diputados presuntamente muertos. A raíz de este hecho, se me antojan algunas preguntas cuyas respuestas sospecho que serán de difícil respuesta exacta. Pregunto; ¿Por qué las FARC asesinarían a un grupo de personas que –entre otras cosas- son garantía de inmunidad para ellos mismos?, ¿Por qué el Presidente colombiano se mostró nervioso y con mirada huidiza durante la lectura del comunicado oficial y no se permitió ninguna pregunta a los periodistas? Por cierto, sonó antes de dicha lectura, el himno nacional de Colombia y se pudo apreciar que el mismo Presidente no sabía la letra del glorioso himno de ese país. ¿Qué raro, no?, en fin, ¿Por qué los familiares dudan tanto de la palabra presidencial? De hecho, lo acusan de provocar la muerte de los secuestrados a causa de una operación militar de rescate ordenada por él. Pero más allá, ¿Por qué el hecho se conoció 10 días después? Recuerden que este acontecimiento se produjo –supuestamente- el 18 de Junio, ¿El gobierno colombiano no tiene control sobre situaciones tan graves acaecidas en su propio territorio?, ¿Dónde está el sobreviviente?, ¿Por qué se han producido tantos atentados en Colombia, coincidiendo estos con la posible negativa de los Estados Unidos de recortar los recursos, o negarlos, al Plan Colombia?, coincidiendo además, con el escándalo de los políticos relacionados con el paramilitarismo. Estas y, muchas más interrogantes habrá que hacer o exigir que se les dé oportuna y veraz respuesta. Lo demás, será caer en el insidioso, perverso e irresponsable juego de quien da su versión de los hechos y creerle así, sin más ni más.

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