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domingo, julio 01, 2007

Lo prometió y cumplió. Un cuento verdadero.

Caled, Mayo 2007
Corrían los días del segundo semestre del año 1996, yo iba y venía de mi casa en Las Tunitas (parroquia Catia La Mar) a Caracas donde trabajaba y hacía estudios en la UCV. Eran aquellos tiempos, cuando conseguir una línea telefónica era toda una proeza y no se había desarrollado comercialmente el teléfono celular, de tal forma que al salir uno de la casa para la capital prácticamente desaparecía, perdiendo todo contacto con la familia que quedaba en el hogar. Normalmente salíamos (mi hija y yo) antes que despuntara el sol y regresábamos cercana a las 11 de la noche. Una rutina que nos ocupaba de lunes a viernes sin excepción. En cuanto a nuestros vecinos estos eran, como es de esperarse, muy heterogéneos; unos trabajadores y respetuosos, uno que otro borrachito (nunca faltan), amas de casa y, una figura ya casi inevitable en los sectores populares, la oveja descarriada, el malandrito, el muchacho que poco a poco va entrando en el sub mundo de la droga y la delincuencia para no regresar jamás.

Le decían “Corredor”, tal vez por su proverbial manera de zafarse rápidamente de los rollos y vaporones en los que se metía. Un día conversando conmigo le dije; “amigo, ¿Por qué no dejas ese camino y tratas de modificar tu conducta? No llegarás muy lejos Corredor” le advertí. Su indeclinable respuesta a estas sugerencias y/o consejos era siempre la misma. “Yo sé lo que me espera y no me importa, cuando muera les salgo” nos amenazó aquella vez. Ante semejante afirmación, reí a carcajadas y le respondí; “te equivocaste Corredor, primero no creo en esas cosas y, en segundo lugar, tu vas derechito al hueco y punto”. Aquella tenebrosa promesa se diluyó al paso del tiempo y se olvidó. Porque además, Corredor tuvo los inconvenientes de rigor con bandas rivales y desapareció por unos cuantos meses.

Una noche, fresca, soplaba la brisa marina que subía por las laderas de las montañas poco pobladas aún, conservándose fría. Regresábamos mi hija y yo de nuestras habituales actividades en Caracas. Al doblar una esquina ya enfilados hacia nuestra vivienda, en el próximo recodo de la calle, se había concentrado una gran cantidad de parroquianos en un encuentro político de una de las, hoy día, casi extintas organizaciones partidistas. Allí, entre la multitud, divisamos a Corredor. Mi hija fue la primera en advertir su presencia. Al verlo me dijo:
.-Papá allí está Corredor, apareció, pero mira la hora no te vayas a poner a conversar con él.
A lo que respondí;
.-Sí, ya sé que es tarde (a la sazón iban a dar las 12 de la noche). No te preocupes creo que no nos ha visto.
Sin quitarle la vista de encima ambos, Lucrecia y yo, tratamos de pasar inadvertidos para Corredor. Sin embargo, tuve la certeza de que hubo un momento en que nos miró directo a nosotros y sonrió. Con paso apurado y zigzagueante logramos abrirnos camino entre la gente y, ya más cerca de nuestra residencia, respiramos aliviados. La jornada del día siguiente nos agobiaba, eran días de mucho sacrificio.

Al traspasar el umbral de la puerta, mi esposa nos esperaba sentada en la sala, sus manos tomadas y descansando en su regazo, sostenían un pequeño pañuelo; se notaba ansiosa y noté lágrimas en sus ojos. Alarmado, pregunté:
.- ¿¡Qué te sucede!?
Ella, casi sin poder articular palabras, murmuró;
.- ¿Es que tu no sabes nada verdad? ¡Claro, como lo puedes saber!
.- ¿Nada de qué? ¿Qué es lo que no puedo saber?
Inquirí.
A lo que mi esposa me soltó;
.- ¡Es que a Corredor lo mataron esta mañana!
Ante esta noticia enmudecí, mi hija me miraba con los ojos desorbitados y fue la primera en reaccionar diciendo;
.- ¡Eso no puede ser mamá, lo acabamos de ver en la esquina!
María (mi esposa) con una expresión solemne en el rostro contestó con dureza;
.- ¿¡Cómo lo van a ver, si le dieron dos tiros en la espalda hoy a las 9 de la mañana!? La furgoneta forense lo recogió ya tarde, como a las tres. Remató María.
Era cierto, esa mañana a Corredor lo emboscaron y acorralaron en una casa donde se escondía y lo asesinaron. Una cosa es segura, desde ese día yo tuve que reconsiderar todas mis creencias. Corredor prometió y cumplió.

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