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viernes, julio 06, 2007

El muro


¿Cuántas cosas se pueden decir acerca de un muro?, cualquier cantidad. Pero, empecemos por el principio; un muro es cualquier armatoste hecho de diversos materiales y colocado en algún lugar para –generalmente- contener a algo o alguienes, proteger bienes o cosas, separar espacios, etc. En la historia humana, hemos tenido conocimiento de algunos muy famosos, los muros de Jericó son un ejemplo dramático; es una historia bíblica que narra como el ejército judío comandado por Josué recibe un mensaje de Dios en el que le ordena que, en un momento dado, deberán tocar las trompetas y las enormes paredes que rodeaban la antigua ciudad, se derrumbarían. La cosa –según los historiadores- les dio resultado y los judíos tomaron Jericó. Otro muro muy famoso es la gran muralla china, la cual, fue construida muchos años antes de Cristo por un emperador de apellido Ching, del cual se dice fue el fundador de la nación china. Esta enorme construcción tuvo como misión nada más y nada menos que, proteger y más allá, aislar por completo al gigante asiático. Es un monumento a la egolatría, la vanidad y el poder omnímodo de un solo hombre por encima de sus congéneres. Otro famoso es el muro de Berlín. Un mega paredón que devino en línea divisoria entre un mismo país; Alemania que, a consecuencia de la sempiterna voracidad de las grandes potencias (triunfadoras en la segunda conflagración mundial) por repartirse el botín de guerra, dividieron a este país, inicialmente con una simple cerquita de alambres de púas. Luego, debido a los tercos e incesantes intentos de los que estaban del lado oriental por pasarse al occidental, tuvieron que construir el bendito muro de concreto armado que terminó en el piso a principios de los años ochenta, por obra y gracia de una serie de factores en los que pudiésemos mencionar al Secretario General del partido comunista de la extinta Unión Soviética Mijail Gorvachov y su perestroika, pero también al Papa Juan Pablo II. Pero dejemos esos detalles para otra ocasión más propicia.

Bien, podríamos incluso, referirnos a muros naturales que –desgraciadamente- no cumplieron con su cometido. Se me ocurre así, señalar al océano Atlántico, inmensa masa de agua que debió separarnos (al menos para salvaguardar nuestra salud física y mental) siempre de Europa. Pero no lo hizo, el tarado de Cristóbal Colón cometió un error de cálculo y creyendo que trazaría una ruta más cercana a las Indias, se echó a la mar con un arreo de locos montados en tres naves y el condenado Atlántico los botó a estos nuestros lares. Y, henos aquí “civilizados”, con un genocidio a cuestas de más de 70 millones de almas, un saqueo imposible de calcular en términos monetarios y una lucha permanente por regresar a nuestros orígenes.

En todo caso, es innegable que la construcción de esas moles casi siempre ha tenido motivos y razones oscuras. Sin soslayar claro está, el hecho de que muchas de ellas tuvieron una intencionalidad protectora, como es el caso de las empalizadas levantadas en ciertos sitios plagados de fieras que amenazan la integridad física de los seres humanos. Y no me refiero precisamente a las cercas de los edificios y casas de las grandes ciudades. Más bien estoy pensando en aquellos personajes, que a finales del siglo XIX principios del XX, se arriesgaban a penetrar en las intrincadas selvas del África meridional. Estos aventureros bordeaban sus campamentos con este tipo de construcciones a veces, otras, con muros al revés. Es decir, cavaban en derredor zanjas en el suelo y las rellenaban con madera que luego por las noches encendían.

En nuestros tiempos llama la atención el hecho de que, contando con tantas y tan avanzados sistemas de armas, radares ultra precisos, aviones silenciosos y unos cuantos etcéteras más, poderosos países del primer mundo construyan grandes paredones para –por supuesto- impedir el paso de personas y/o vehículos indeseables de acuerdo a sus intereses. Me refiero, por ejemplo, al muro que construyen los israelíes para separar y apropiarse de territorios palestinos. Esto ha desatado aún más la ira de los afectados, líderes mundiales se han pronunciado en contra de este esperpento, las Naciones Unidas también lo han condenado. Pero nada, los sionistas siguen impertérritos construyendo el ignominioso muro. ¿Qué cosas, no?, comencé este escrito con una historia en la que están involucrados los judíos y casi termino de escribir con ellos.

En fin, hablando de muros, muchos amigos han solicitado mi opinión con relación al que construyen los estadounidenses en la frontera con México. Mi respuesta ha sido y seguirá siendo la misma, ellos tienen razón. Mis camaradas se asombran e incluso me recriminan el por qué de esa opinión. ¿Cuál otra les debo dar?, ¿No son los gringos amos y señores de su territorio?, ¿No tienen ellos todo el derecho universal de hacer lo que les venga en su realísima gana, en su tierra? ¿Qué otra cosa puedo decir? Este, y ningún otro, puede ser mi razonamiento porque, ¿No somos nosotros soberanos y reclamamos vehementemente que ese derecho no nos sea coaccionado? Es por ello que tengo esa posición. Pero al mismo tiempo les digo; ese muro, más allá de si los estadounidenses tienen o no razón de levantarlo, debe servir para nuestra reflexión y, cuando digo “nuestra” me refiero a todos los latinoamericanos. Y es que hay muros tangibles (como el estadounidense) y muros intangibles, que no se pueden tocar, no se pueden ver mucho menos oler pero, no por ello, son menos efectivos y hasta resultan chocantes. Estos muros son conductas, percepciones, posiciones ante la vida y ante las sociedades de algunos grupos humanos que promueven las odiosas discriminaciones y tratos humillantes para quienes los sufrimos. Esta discriminación tiene que ver con el color de la piel, la posición económica, religiosa, política, el sitio donde se nace y, hasta si se es o no profesional. En el caso de los Estados Unidos, allí Los “WASP” (siglas en inglés que definen a los ciudadanos Blancos, Anglosajones y Protestantes condiciones sine quanon para ser aceptados en la sociedad anglicana) siempre han tenido una especial animadversión hacia nosotros los latinoamericanos. Ellos, los comúnmente llamados gringos, creo que tienen un serio problema de ubicación pues siempre nos han considerado como sus minas de explotación de toda clase de recursos; desde minerales preciosos como el oro, diamantes, industriales como el cobre, plata, energéticos como el petróleo y el uranio. Hasta recursos agrícolas que por supuesto siempre se los han procurado como materia prima ya que, las industrias procesadoras y convertidoras están allá, en el norte. Porque, Si alguna vez instalaron alguna infraestructura industrial en nuestros países, fue para vendernos los subproductos a nosotros mismos y, cuando el negocio no les fue rentable pues, sencillamente recogieron sus chécheres y se largaron dejando tras de sí lánguidos cadáveres de hierro y cemento.

Y, decía que tienen un problema de ubicación, porque ellos no logran asimilar la idea de que la cosa les está resultando al revés. Es decir, las políticas impuestas por los Estado Unidos desde los tiempos de Simón Bolívar (cuando se propusieron y lograron sabotear el Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por el Libertador) hasta nuestros días, no han hecho otra cosa que provocar en la mayor parte de los países americanos una feroz miseria. Estimularon, a través de la televisión, el cine y la prensa cómplice la aparición de un modo de vida completamente ajeno a nuestra idiosincrasia, nos han hecho creer que la American Way Life es el punto máximo de bienestar que pueda alcanzar cualquier cristiano sobreviviente de este mundo. ¿Entonces de qué se quejan? Como diría un compadre de la Plaza Lourdes, “vámonos pa’llá”. Y es que para el imperialismo la idea es ser los invasores (a sangre y fuego muchas veces) y no los invadidos. Entonces, uno de los tantos esfuerzos que hacen para evitar esa intrusión es la construcción del muro a través de toda la frontera mexicana. Por cierto, frontera que encierra regiones originalmente mexicanas, pero que ellos (los estadounidenses) sencillamente se los quedaron a la fuerza y en nombre de la libertad y la democracia. Pero la manía no concluye ahí, también les dio por tratar de dividir a los ciudadanos iraquíes dentro de su propio territorio. Afortunadamente, el mismo gobierno títere de Irak impuesto por ellos parece que, en un descuido, desataron sus amarras y ordenaron la paralización del muro. La justificación para esta nueva empalizada de concreto en el mismo corazón de Bagdad –por supuesto- es la misma; en aras de la libertad, la democracia y para que estos locos árabes no se maten entre sí. Porque, ¡Qué empecinamiento el de estas gentes de colocarse bombas en las costillas o en cualquier vehículo y volarse por los aires, caramba!, y con ellos a los que están a su alrededor.

Como el tema está interesante, me permito una digresión; conversando con mi esposa sobre este y otros asuntos, surgió el comentario acerca de las situaciones tan aberrantes que se han producido en Estados Unidos. Sobre todo, a propósito de la incursión armada del estudiante norcoreano en el Tecnológico de Virginia. Es importante señalar –por cierto- que se satanizó en su máxima expresión a este personaje. Sin desdeñar el horrendo crimen cometido, a este sujeto se le acusó luego de los hechos, hasta de intentar abusar sexualmente de una estudiante, estadounidense claro. Pero, con relación a este suceso a mi se me producen algunas interrogantes, por ejemplo; ¿Cuántos hechos de esta naturaleza se han producido en este país?, que yo recuerde hubo un caso parecido con un francotirador que asesinó a varias personas en la ciudad de Washington hace un par de años. Además, ha habido atentados de este tipo perpetrados en otros institutos educativos, incluso, de lo que ellos llaman High School o sea, bachillerato pues. También, en los años noventa se produjo el atentado al edificio gubernamental de Oklahoma donde murieron varios centenares de personas y otras tantas resultaron gravemente heridas y fue perpetrado por un criollito-criollito estadounidense. Y bueno, sin ir más lejos el atentado a las torres gemelas, alrededor del cual hay más preguntas que respuestas. Este espantoso atentado, como es bien sabido, estuvo acompañado por otro de manera simultánea al Pentágono pero, ¿Qué diablos se hizo el avión que se estrelló contra el edificio élite de la defensa del imperio?, no sé, pero he visto innumerables veces los programas especiales que han sido transmitidos por diferentes estaciones de televisión, invariablemente gringas, y por más que aguzo la vista no logro ver aunque sea la Caja Negra de la bendita aeronave que supuestamente colisionó contra la mole de concreto de cinco lados ¿Raro, no? Fundamentalmente, por lo proclive de los gringos a pavonearse con sus descubrimientos. En fin, el hecho es que mi estimada compañera me hizo un comentario que –en el instante, no le di mayor importancia- pero luego me hizo reflexionar. Me dijo; “Es que los Estados Unidos, tienen tantas muertes en su conciencia que yo me imagino a esas millones de almas penando sobre cielo gringo, como una gigantesca sombra que cubre todo ese territorio e implorando justicia” ¿Verdad que es realmente siniestra esta imagen? Pero no está lejos de la verdad, ¿Será esa una de las razones por la que suceden allí, tantas y tan espantosas tragedias?

Terminando ya, con el asunto del muro, se me ocurre concluir con una propuesta; ¿Por qué no invertir la razón del muro? Quiero decir, ponernos de acuerdo todos los pueblos latinoamericanos y del caribe para impedir que ningún ciudadano estadounidense salga de su territorio. Así, quedamos todos contentos, nosotros con plena libertad para hacer de nuestros respectivos países lo que deseemos, y ellos, se quedan encerrados en sus paisajes tal y como parece ser su más preciado anhelo. ¿Qué más? Para eso tienen a Hollywood.

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REVERÓN

REVERÓN
Reverón se hizo famoso por sus muñecas de trapo. Las confeccionaba para tomarlas como modelos (Caled 2007)